Nuestra última vez

Yo no sabía que aquella vez iba a ser nuestro último encuentro… si lo hubiera sabido lo hubiera disfrutado muchisimo más de lo que lo disfruté…

Ni por aquel entonces novio, Alberto, vino a verme a mi ciudad, pues no viviamos cerca. Él tenia novia, y yo lo sabía, pero le quería tanto que no me importaba que estuviera con otra, con poder disfrutarle algunos fines de semana yo era feliz. La última vez que nos vimos fue para navidades, y lo que les voy a relatar ocurrió el 24 de diciembre, el último día que le vi, pues despues de esto su novia se enteró de lo nuestro y nunca más volví a saber de él.

El autobús hacia Barcelona salía a las 7 de la tarde, pero habíamos salido de mi casa a las dos y habíamos ido a dar una vuelta por el pueblo, acabando cerca de las 4 en la estación de autobuses.
No había casi nadie así que nos fuimos a los pisos de arriba, donde estaban las oficinas de administración siempre cerradas, sentandonos en un pasillo, cogidos de la mano como cualquier pareja normal.
Empezamos a hablar de cualquier cosa, ahora no recuerdo el qué, pero poco a poco nos empezamos a besar. Yo me senté a horcajadas sobre el mientras el apoyaba su espalda en la pared.
Sus manos grandes y fuertes empezaron a acariciar mi cuerpo. Aferradas en mi nuca y entrelazandose con mi pelo una de ellas se fue deslizando por mi espalda hasta mis nalgas, colandose bajo el pantalón, apretandolas mientras me pegaba más a su cuerpo. Podía sentir como su miembro se empezaba a endurecer bajo los pantalones de camuflaje, entre mis piernas, haciendo que se me pusiera la piel de gallina y empezara a humedecerme.
Me separé un poco de él, sonriendole y sin pudor colé una de mis manos por el borde de su pantalón, acariciando su sexo sobre sus boxers ajustados por la presión de su miembro. Ambos sonreimos ampliamente y nos fundimos en un beso mientras rozaba con toda mi mano su erección, notando como suspiraba contra mis labios.

Dejamos las mochilas en el piso de arriba y nos metimos aprisa en el ascensor. Ambos estabamos de lo mas caliente y necesitabamos desfogarnos, y en esos pasillos podian vernos si a alguien se le ocurria subir, así que bajamos a los baños de la estación.
Cuando entramos le empujé casi a la desesperada dentro de uno de los labavos, sentandolo sobre el retrete. De rodillas ante él le desabroché el pantalón y tiré de su boxer, liberando su miembro que saltó, completamente erecto. Adoraba hacerle sexo oral por varias razones. La primera era por ver la cara de placer que ponia. Segundo, me encantaba como sabia su miembro, era delicioso, me volvía completamente loca. Y tercero, los gemidos que soltaba cuando se lo hacía eran la cosa mas erotica que más me excitaba de todo.
Le sonreí mientras acariciaba su punta rojiza con la lengua y el me pasaba una de sus manos por el rostro, echandome el pelo hacia atras. Siempre me decia que le gustaba ver como se la chupaba, que le mirase a los ojos sin una cortina de pelo castaño de por medio. Tomé una coleta y me hice un moño a prisas, casi desesperada por lamer su miembro. No me gustaba absolutamente nada -de hecho nunca lo habia probado- que se corrieran en mi boca, pero tengo que reconocer que me encantaba hacer sexo oral.
Pasé mis manos por sus muslos mientras empezaba a lamer su punta, sin dejar de mirarle a los ojos, entretenida en su piel caliente, lamiendolo como si fuera un chupachups, haciendo circulos con la lengua. Me encantaba la polla de Alberto… no era pequeña y flácida como la de mi primer ex, que no me daba nada de placer. No. La de alberto era gruesa y larga, y de hecho no podía metermela toda en la boca sin sentir algunas arcadas las primeras veces, pero conforme mas sexo oral le hacia, más me cabía.
Rodeé la base de su miembro con una mano, pues como aún no me cabía toda, acompañaba el movimiento de mi boca con la mano mientras con la otra le acariciaba los testiculos. Deslicé mis labios por su miembro, empezando a notar como su punta gruesa me rozaba la garganta. Me dedicó una sonrisa mientras afianzaba una de sus manos en mi cabeza y me empujaba esta un poco más, haciendo que entrase más en mi boca, hasta que soltó un gemido de placer. Me indicó que me levantara y sacó a las apuradas un condón de su cartera, colocandoselo. Levantó mi falta y me bajó la ropa interior hasta que esta quedó arrugada en el suelo del servicio y me senté directamente sobre sus piernas, tomando su pene con mis manos y dirigiendolo a mi coño completamente húmedo. No habia necesitado que me tocase siquiera. El simple hecho de que jadease como jadeaba o comerle la polla me excitaba más que cualquier otra cosa.

Puso sus manos en mis caderas y me empujó hacia abajo, haciendo que todo su miembro se hundiese en mi cuerpo de una sola estocada. Me mordí el labio inferior ahogando un gemido y apoyé mis manos en las baldosas de los laterales del estrecho lavabo, apoyandome. Busqué su boca, enroscando mi lengua con la suya ávidamente mientras notaba como empezaba a moverme sobre su miembro. Yo hacía movimientos con la cadera, hacia arriba y hacia abajo, elevandome un poco y dejándome caer sobre su pene mientras Alberto acompañaba mis movimientos y soltaba algún que otro gemido. Aquella postura era algo incomoda, pero a el le gustaba que yo estuviera encima, sobre todo porque decia que podia ver como mis tetas botaban ante él. Llevó sus manos a mi camiseta y tiró de ella hacia arriba, arremangandola sobre el pecho y me desabrochó el sujetador que se desabrochaba por delante. Entonces empezó a mover su cadera contra mi, embistiendome fuerte, de forma que cuando yo me deslizaba hacia abajo sobre su polla él la empujaba fuertemente contra mi coño, como si quisiera hundirse más contra mí. Esas embestidas hacian que mis tetas rebotasen casi a la altura de su rostro, y mientras sus manos volvian a marcar el ritmo de mis caderas sus labios atrapaban uno de mis pezones completamente duro y lo succionaban, intercambiandolo a veces con mordisquitos.
A los pocos minutos soltó un largo jadeo y dejó de moverse, temblando. Se había corrido. Pero yo aún no había llegado. Estaba cerca pero no había llegado.

Me levanté, sacando el condón de su pene y empecé a succionarlo de nuevo entre mis labios, tragandomelo cuanto podía, notando como él movia sus caderas un poco y me agarraba la cabeza para follarme la boca con movimientos suaves, pues si lo hacía a lo bestia probablemente acabaría mal.
Su pene se puso de nuevo duro en mi boca y le supliqué que volviera a follarme. No hizo falta que se lo pidiera dos veces, el seguia tan caliente como yo. Esta vez se levantó y se puso el condón mientras yo me ponía con las piernas abiertas a ambos lados del retrete, con la mejilla casi contra la pared y el culo em pompa hacia él.

Pasó sus dedos por mi coñito, completamente humedo y lo arrastró hasta mi ano, acariciando un poco mi esfinter, haciendo que me estremeciera. Mentiría si dijera que no me habia planteado el sexo anal, pues decian que era mucho más placentero, pero que también dolía horrores… pero a veces me costaba muchisimo decirle que no, pues en el fondo lo deseaba.

Pasó la punta de su miembro por mi coñito, como tanteandolo y metio la punta, ayudandose de su mano para dirigirlo, pero en cuanto entró un par de centimetros puso sus manos sobre mis caderas y mientras me empujaba contra él, me penetró con un solo golpe fuerte, haciendo que sus cadera se pegase por completo a mis nalgas. No pude reprimir un gemido de placer, pues aunque la tuviera gorda y que me la metiera tan de golpe fuera doloroso, el placer que me ocasionaba era mil veces mayor. Apoyé mis manos en la pared donde apoyaba mi cabeza y empecé a jadear cuando Alberto empezó a follarme fuertemente. Si había algo que no soportaba era el sexo flojito cuando iba completamente cachonda. Cerré los ojos, sintiendo como un hilillo de baba se me resbalaba por la barbilla, pues no podia dejar de jadear. Cada embestida que me daba me hacia soltar un jadeo. Era un bestia en esos momentos y me follaba como un salvaje, sintiendo como ctodo su miembro se metia en mi cuerpo, me lo sacaba y me lo volvia a meter hasta el fondo.
Entonce, sin previo aviso, la puerta del baño se abrió. Por suerte nosotros estabamos en uno de los lavabos individuales, con la puerta cerrada y el cerrojo echado, pero alguien se metió en el lavabo de al lado, interrumpiendonos. Miré a Alberto, como diciendole que “teníamos que esperar”, pero el sonrió y se llevó el dedo indice y el corazón a la boca y los relamió varias veces, ensalivandolos y los dirigió a mi esfinter, presionando un poco con uno de ellos hasta que logró meter un de ellos. Negué rotundamente con la cabeza. No podía moverme en esa postura, y no quería hacer ruido porque entonces nos pillarían, y a saber la que se montaba si nos pillaban. Aprovechandose de que yo no podía hacer nada por resistirme -y en el fondo no quería resistirme- metió no sin dificultad otro de sus dedos, tratando de ensanchar mi esfinter. La sensación era dolorosa, sin duda, pero también era placentera y morbosa…
Estuvo un par de minutos sacando y metiendo sus dedos en mi trasero, dilatandomelo, hasta que sacó su miembro erecto de mi coño y lo llevó a mi esfiner, empujando lentamente. Sentí un terrible dolor partiendome por dentro desde el lugar donde el empujaba cuando sentí que parte de su miembro se metía en mi ano. Apoyó ambas manos en mi cadera y me empujó con delicadeza hacia él mientras él se empujaba contra mi, colando su polla un poco más en mi trasero. Quienquiera que estuviera en el lavabo de al lado salió, abrió un minuto el grifo del lavamanos y se marchó. Volví a mirar a Alberto y le susurré que no parase ahora. Estaba terriblemente excitada, y aunque me doliese mucho, queria probarlo del todo. Sonrió y asintió, y por lo menos fue haciendolo despacito hasta que todo su pene estuvo succionado por mi trasero. Dolía, y mucho, pero al cabo de unos minutos el dolor parecía muchisimo menos en comparación con la sensación de placer. Joder.. era muchisimo más placentero que ser follada por el coño… doloroso, pero placentero…
Casi no hizo falta que le dijera nada cuando empezó a retirarse, sin salir del todo y volviendo a entrar varias veces, despacio, pero pasados lo que me parecieron unos minutos muy largos, empezó a moverse con algo más de intensidad, jadeando y resoplando fuertemente. Ya no podía más, estaba al borde del orgasmo, y en cuanto empezó a moverse con algo más de celeridad no pude evitar correrme.
Alberto siguió follandome varios minutos más hasta que él también se vino con un profundo jadeo, recostandose un poco sobre mi espalda, recuperando el aliento.

Nos besamos apasionadamente los siguientes minutos, tras los cuales nos vestimos y salimos del baño. Recogimos nuestras mochilas y aun estuvimos un rato hablando y tomando algo en la cafeteria de la estacion hasta que llego su autobús. Nos despedimos y me quedé viendo como se iba, saludandole con la mano. No sabía que no volvería a ver a Alberto nunca más.
Yo no sabia que aquella vez iba a ser nuestro último encuentro… si lo hubiera sabido lo hubiera disfrutado muchisimo más de lo que lo disfruté…Mi por aquel entonces novio, Alberto, vino a verme a mi ciudad, pues no viviamos cerca. Él tenia novia, y yo lo siabia, pero le queria tanto que no me importaba que estuviera con otra, con poder disfrutarle algunos fines de semana yo era feliz. La última vez que nos vimos fue para navidades, y lo que les voy a relatar ocurrio el 24 de diciembre, el útimo día que le vi, pues despues de esto su novia se enteró de lo nuestro y nunca más volví a saber de él.
El autobús hacia Barcelona salía a las 7 de la tarde, pero habíamos salido de mi casa a las dos y habíamos ido a dar una vuelta por el pueblo, acabando cerca de las 4 en la estación de autobuses. No había casi nadie así que nos fuimos a los pisos de arriba, donde estaban las oficinas de administración siempre cerradas, sentandonos en un pasillo, cogidos de la mano como cualquier pareja normal.Empezamos a hablar de cualquier cosa, ahora no recuerdo el qué, pero poco a poco nos empezamos a besar. Yo me senté a horcajadas sobre el mientras el apoyaba su espalda en la pared.Sus manos grandes y fuertes empezaron a acariciar mi cuerpo. Aferradas en mi nuca y entrelazandose con mi pelo una de ellas se fue deslizando por mi espalda hasta mis nalgas, colandose bajo el pantalón, apretandolas mientras me pegaba más a su cuerpo. Podía sentir como su miembro se empezaba a endurecer bajo los pantalones de camuflaje, entre mis piernas, haciendo que se me pusiera la piel de gallina y empezara a humedecerme.Me separé un poco de él, sonriendole y sin pudor colé una de mis manos por el borde de su pantalón, acariciando su sexo sobre sus boxers ajustados por la presión de su miembro. Ambos sonreimos ampliamente y nos fundimos en un beso mientras rozaba con toda mi mano su erección, notando como suspiraba contra mis labios. Dejamos las mochilas en el piso de arriba y nos metimos aprisa en el ascensor. Ambos estabamos de lo mas caliente y necesitabamos desfogarnos, y en esos pasillos podian vernos si a alguien se le ocurria subir, así que bajamos a los baños de la estación.
Cuando entramos le empujé casi a la desesperada dentro de uno de los labavos, sentandolo sobre el retrete. De rodillas ante él le desabroché el pantalón y tiré de su boxer, liberando su miembro que saltó, completamente erecto. Adoraba hacerle sexo oral por varias razones. La primera era por ver la cara de placer que ponia. Segundo, me encantaba como sabia su miembro, era delicioso, me volvía completamente loca. Y tercero, los gemidos que soltaba cuando se lo hacía eran la cosa mas erotica que más me excitaba de todo. Le sonreí mientras acariciaba su punta rojiza con la lengua y el me pasaba una de sus manos por el rostro, echandome el pelo hacia atras. Siempre me decia que le gustaba ver como se la chupaba, que le mirase a los ojos sin una cortina de pelo castaño de por medio. Tomé una coleta y me hice un moño a prisas, casi desesperada por lamer su miembro. No me gustaba absolutamente nada -de hecho nunca lo habia probado- que se corrieran en mi boca, pero tengo que reconocer que me encantaba hacer sexo oral.Pasé mis manos por sus muslos mientras empezaba a lamer su punta, sin dejar de mirarle a los ojos, entretenida en su piel caliente, lamiendolo como si fuera un chupachups, haciendo circulos con la lengua. Me encantaba la polla de Alberto… no era pequeña y flácida como la de mi primer ex, que no me daba nada de placer.

No. La de alberto era gruesa y larga, y de hecho no podía metermela toda en la boca sin sentir algunas arcadas las primeras veces, pero conforme mas sexo oral le hacia, más me cabía.Rodeé la base de su miembro con una mano, pues como aún no me cabía toda, acompañaba el movimiento de mi boca con la mano mientras con la otra le acariciaba los testiculos. Deslicé mis labios por su miembro, empezando a notar como su punta gruesa me rozaba la garganta. Me dedicó una sonrisa mientras afianzaba una de sus manos en mi cabeza y me empujaba esta un poco más, haciendo que entrase más en mi boca, hasta que soltó un gemido de placer. Me indicó que me levantara y sacó a las apuradas un condón de su cartera, colocandoselo. Levantó mi falta y me bajó la ropa interior hasta que esta quedó arrugada en el suelo del servicio y me senté directamente sobre sus piernas, tomando su pene con mis manos y dirigiendolo a mi coño completamente húmedo. No habia necesitado que me tocase siquiera. El simple hecho de que jadease como jadeaba o comerle la polla me excitaba más que cualquier otra cosa. Puso sus manos en mis caderas y me empujó hacia abajo, haciendo que todo su miembro se hundiese en mi cuerpo de una sola estocada. Me mordí el labio inferior ahogando un gemido y apoyé mis manos en las baldosas de los laterales del estrecho lavabo, apoyandome. Busqué su boca, enroscando mi lengua con la suya ávidamente mientras notaba como empezaba a moverme sobre su miembro.

Yo hacía movimientos con la cadera, hacia arriba y hacia abajo, elevandome un poco y dejándome caer sobre su pene mientras Alberto acompañaba mis movimientos y soltaba algún que otro gemido. Aquella postura era algo incomoda, pero a el le gustaba que yo estuviera encima, sobre todo porque decia que podia ver como mis tetas botaban ante él. Llevó sus manos a mi camiseta y tiró de ella hacia arriba, arremangandola sobre el pecho y me desabrochó el sujetador que se desabrochaba por delante. Entonces empezó a mover su cadera contra mi, embistiendome fuerte, de forma que cuando yo me deslizaba hacia abajo sobre su polla él la empujaba fuertemente contra mi coño, como si quisiera hundirse más contra mí. Esas embestidas hacian que mis tetas rebotasen casi a la altura de su rostro, y mientras sus manos volvian a marcar el ritmo de mis caderas sus labios atrapaban uno de mis pezones completamente duro y lo succionaban, intercambiandolo a veces con mordisquitos. A los pocos minutos soltó un largo jadeo y dejó de moverse, temblando. Se había corrido. Pero yo aún no había llegado. Estaba cerca pero no había llegado.Me levanté, sacando el condón de su pene y empecé a succionarlo de nuevo entre mis labios, tragandomelo cuanto podía, notando como él movia sus caderas un poco y me agarraba la cabeza para follarme la boca con movimientos suaves, pues si lo hacía a lo bestia provablemente acabaría mal.

Su pene se puso de nuevo duro en mi boca y le supliqué que volviera a follarme. No hizo falta que se lo pidiera dos veces, el seguia tan caliente como yo. Esta vez se levantó y se puso el condón mientras yo me ponía con las piernas abiertas a ambos lados del retrete, con la mejilla casi contra la pared y el culo em pompa hacia él. Pasó sus dedos por mi coñito, completamente humedo y lo arrastró hasta mi ano, acariciando un poco mi esfinter, haciendo que me estremeciera. Mentiría si dijera que no me habia planteado el sexo anal, pues decian que era mucho más placentero, pero que también dolía horrores… pero a veces me costaba muchisimo decirle que no, pues en el fondo lo deseaba.

Pasó la punta de su miembro por mi coñito, como tanteandolo y metio la punta, ayudandose de su mano para dirigirlo, pero en cuanto entró un par de centimetros puso sus manos sobre mis caderas y mientras me empujaba contra él, me penetró con un solo golpe fuerte, haciendo que sus cadera se pegase por completo a mis nalgas. No pude reprimir un gemido de placer, pues aunque la tuviera gorda y que me la metiera tan de golpe fuera doloroso, el placer que me ocasionaba era mil veces mayor. Apoyé mis manos en la pared donde apoyaba mi cabeza y empecé a jadear cuando Alberto empezó a follarme fuertemente. Si había algo que no soportaba era el sexo flojito cuando iba completamente cachonda. Cerré los ojos, sintiendo como un hilillo de baba se me resbalaba por la barbilla, pues no podia dejar de jadear. Cada embestida que me daba me hacia soltar un jadeo. Era un bestia en esos momentos y me follaba como un salvaje, sintiendo como ctodo su miembro se metia en mi cuerpo, me lo sacaba y me lo volvia a meter hasta el fondo.Entonce, sin previo aviso, la puerta del baño se abrió. Por suerte nosotros estabamos en uno de los lavabos individuales, con la puerta cerrada y el cerrojo echado, pero alguien se metió en el lavabo de al lado, interrumpiendonos. Miré a Alberto, como diciendole que “teníamos que esperar”, pero el sonrió y se llevó el dedo indice y el corazón a la boca y los relamió varias veces, ensalivandolos y los dirigió a mi esfinter, presionando un poco con uno de ellos hasta que logró meter un de ellos. Negué rotundamente con la cabeza. No podía moverme en esa postura, y no quería hacer ruido porque entonces nos pillarían, y a saber la que se montaba si nos pillaban. Aprovechandose de que yo no podía hacer nada por resistirme -y en el fondo no quería resistirme- metió no sin dificultad otro de sus dedos, tratando de ensanchar mi esfinter. La sensación era dolorosa, sin duda, pero también era placentera y morbosa…
Estuvo un par de minutos sacando y metiendo sus dedos en mi trasero, dilatándomelo, hasta que sacó su miembro erecto de mi coño y lo llevó a mi esfinter, empujando lentamente. Sentí un terrible dolor partiendome por dentro desde el lugar donde el empujaba cuando sentí que parte de su miembro se metía en mi ano. Apoyó ambas manos en mi cadera y me empujó con delicadeza hacia él mientras él se empujaba contra mi, colando su polla un poco más en mi trasero. Quienquiera que estuviera en el lavabo de al lado salió, abrió un minuto el grifo del lavamanos y se marchó. Volví a mirar a Alberto y le susurré que no parase ahora. Estaba terriblemente excitada, y aunque me doliese mucho, quería probarlo del todo. Sonrió y asintió, y por lo menos fue haciéndolo despacito hasta que todo su pene estuvo succionado por mi trasero. Dolía, y mucho, pero al cabo de unos minutos el dolor parecía muchísimo menos en comparación con la sensación de placer. Joder.. era muchísimo más placentero que ser follada por el coño… doloroso, pero placentero…Casi no hizo falta que le dijera nada cuando empezó a retirarse, sin salir del todo y volviendo a entrar varias veces, despacio, pero pasados lo que me parecieron unos minutos muy largos, empezó a moverse con algo más de intensidad, jadeando y resoplando fuertemente. Ya no podía más, estaba al borde del orgasmo, y en cuanto empezó a moverse con algo más de celeridad no pude evitar correrme. Alberto siguió follandome varios minutos más hasta que él también se vino con un profundo jadeo, recostándose un poco sobre mi espalda, recuperando el aliento.Nos besamos apasionadamente los siguientes minutos, tras los cuales nos vestimos y salimos del baño. Recogimos nuestras mochilas y aun estuvimos un rato hablando y tomando algo en la cafetería de la estacion hasta que llego su autobús. Nos despedimos y me quedé viendo como se iba, saludándole con la mano. No sabía que no volvería a ver a Alberto nunca más.

Colaboradora: Roxy Taggart

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