Sábado noche con una madura

Hola, me llamo Marcos, no es mi verdadero nombre pero es el que utilizaré en este relato, actualmente tengo 20 años, pero la historia que voy a contar me sucedió cuando tenía 18. Soy un chico normal, mido 1.80m, de constitución normal, pelo negro, relativamente guapo, en cuanto a atributos sexuales la tengo bastante normal, 18-19cm de largo y unos 4cm de diámetro.

Era sábado por la noche, así que decidí quedar con los amigos para irnos de fiesta. Nos fuimos a un pub donde solía ir gente más mayor que nosotros (de 24 a 35 años), aquel sitio estaba completamente lleno, pero aun así nos hicimos un sitio allí aunque lejos de la barra.

No tardé en ir a pedir algo de beber, llegué a la barra con dificultades y le pedí a una camarera, que estaba buenísima, un whisky con hielo, cuando me di la vuelta me choqué con una mujer que tendría unos 34 años, y le mojé con el whisky, cuando me fijé más en aquella mujer no podía apartar la mirada de ella, tenía el pelo negro-castaño y liso hasta por debajo de los hombros, tenía unos profundos ojos marrones, su piel estaba muy morena y tenía un brillo atrayente para la vista, sus pechos se dejaban ver tímidamente en un escote que situaba aquellas maravillosas tetas en una situación forzada, uno junto al otro, sus pezones se marcaban de manera notable en el ajustado top que vestía.

Era delgada y medía 1.72m aproximadamente, su mirada me estaba encarcelando en una prisión de sensualidad, era de mirada seria a la vez que pasional, se sentía el calor que emanaba su cuerpo y que hablaba a través de unos hermosos labios pintados discretamente para dejar observar su belleza natural. Después de unos segundos en el paraíso de la vista, volví a la realidad y me di cuenta de que le había mojado el top por mi torpeza, le pedí disculpas a la vez que intentaba buscar un pañuelo para secarla, todo bajo la, esta vez risueña, mirada de aquella hermosa mujer. De los nervios que tenía le volví a pedir disculpas unas tres o cuatro veces más, y a todas ellas respondía con una sonrisa y un “no pasa nada, no te preocupes”. Después de aquel encuentro volví hacia donde estaban mis amigos y continué la noche normalmente.

A la hora más o menos, se me acercó alguien por la espalda y me susurró al oído: “¿vienes fuera a dar una vuelta?”, cuando me di la vuelta y la vi, se me aceleró el corazón y solo pude responder poniendo cara de bobo y emitiendo un débil “si”. Ya estábamos fuera, yo no sabía que hacer ni que decir, así que le pregunté la primera estupidez que me vino a la cabeza:
- “¿Ya se te ha secado la mancha?” – “Si, tranquilo, que no has cometido ningún crimen” – dijo sonriente. – “¿Como te llamas?” – “Vanesa, y tu?” – “Marcos”

Seguimos hablando sobre cosas sin importancia un rato, mientras paseábamos por una tranquila calle bajo la luz de una luna casi llena, el calor del verano se notaba en el aire. Hablando con ella supe que estaba divorciada desde hacía unos 4 años, que tenía 39 años aunque no los aparentaba y que tenía una hija de mi edad. Entonces me dijo que estaba agotada y que pronto se iría a casa, me ofrecí a acompañarla mientras seguíamos paseando, a lo que respondió con una sonrisa tímida a la vez que pícara.

Cuando llegamos a la puerta de su casa, me intenté despedir de ella con dos inocentes besos en la mejilla, realmente no sabía como actuar ya que no había tenido relaciones con ninguna mujer, ni siquiera había tenido mi primer beso, pero ella me invitó a subir un rato a su casa a lo que yo acepté con mucho gusto.
Entramos en su casa, y entonces su cara cambió de expresión, de la tímida sonrisa pasó a la pasión, se acercó a mi y me empezó a besar el cuello hasta que llegó a mi boca, nos unimos en un largo beso, su lengua buscaba ansiosa a la mía, la abracé y empecé a sentir su espalda y su magnífico culo bajo mis manos, mientras ella seguía besando con desesperación. Poco a poco le iba subiendo la falda y acariciando sus muslos con mis inquietas manos, su piel ardía, y sus delicadas bragas blancas estaban empapadas de la excitación, me desabrochó la camisa y empezó a chuparme el pecho con ansiedad mientras yo jugueteaba con mis dedos con aquellas bragas.

Tenía la rajita con apenas vello, pasaba mis dedos sobre sus labios vaginales para luego llevar los mismos dedos a su boca para que chupara sus propios jugos, introducía mis dedos en su coño poco a poco mientras con mi otra mano manoseaba sus tetas a través de su top, percibiendo con el tacto la dureza de sus pezones.

Mi polla estaba totalmente aprisionada por el pantalón, dándose cuenta de la situación Vanesa empezó a desabrocharme el pantalón y a masturbarme por encima de los calzoncillos, saqué mis dedos de su rajita y comencé a quitarle el top, sus grandes tetas aparecieron ante mis ojos, eran perfectas, su tono moreno y brillante, acentuado por el sudor que resbalaba por su piel, aquellos hermosos pezones oscuros, no podía aguantar un segundo más sin empezar a chuparlos, con mi lengua rodeaba sus pezones y sus senos, mientras con mis manos los acariciaba y moldeaba, su respiración era ahora acentuada y sus gemidos de placer me excitaban cada vez más, le metí mis dedos en su boca ahogando por instantes sus gemidos y los empapé de saliva para luego meter mi mano bajo sus bragas, acariciando por el camino su vientre y su monte de Venus.

Comencé a masturbarle acariciando suavemente su clítoris y sus labios, introduciendo discretamente algún dedo en su vagina y en su ano. Empezó a correrse violentamente, contraía sus músculos mientras gemía y gritaba como una desesperada, agitando sus cabellos y convirtiendo su besos en pequeños mordiscos de pasión. Cuando pasó el orgasmo se puso de rodillas y empezó a masturbarme suavemente y a introducirse mi pene en su boca, lo chupaba con su lengua en punta, extendía su saliva desde la base hasta el glande mientras con sus manos masajeaba mis testículos, ante tanto placer no pude contenerme más y eyaculé sobre su cara y sus tetas, mientras Vanesa seguía chupando y buscando con su lengua aquel preciado semen y tragándoselo como si fuera el mayor manjar.

Me abrazó y me dio un largo beso, entonces la levanté agarrándola de los muslos y la llevé al dormitorio, la tumbé sobre la cama y le quité las empapadas bragas que se oponían a abandonar esa hermosa rajita, y me dispuse a chuparle aquel precioso coño rasurado a medias con un poco de pelo castaño en el centro.

Observé aquel cuerpo, vestido tan solo con unas medias color negro, retozando como una gata en celo sobre la cama, me puse sobre ella y empecé a chupar y acariciar cada rincón de ese precioso cuerpo, besaba su cuello, chupaba sus labios, acariciaba sus senos y sus delicados brazos, besaba su vientre, sus largas y preciosas piernas, recorría su espalda con mi pene hasta llegar al ano y lo pasaba de largo acariciando el perineo, manoseando sus glúteos con violencia, besando el interior de sus muslos, y chupando finalmente su clítoris y su labios vaginales. Sus gemidos aumentaban en frecuencia y eran cada vez más salvajes, cerraba los ojos y acariciaba sus pezones, chupándolos de vez en cuando por su excitación.

Mientras yo chupaba y absorbía su clítoris, empapaba su rajita con saliva e introducía discretamente mi lengua en ella, mientras jugaba con mis dedos sobre su monte de Venus, sobre su ano y sobre su hermoso coñito. Sus gemidos se convirtieron en gritos, estaba a punto de llegar al segundo orgasmo, acerqué mi pene a su raja y empecé a acariciar de arriba a abajo su coñito e introducía una pequeña parte del glande en el, cuando llegó al orgasmo ahogué sus gritos con mis besos mientras calmaba su coño con las caricias de mis manos.

Sus jugos saciaban mi sed, su piel resbaladiza incitaba al sexo continuamente, nuestros cuerpos permanecían abrazados, y mi erecto pene se encontraba entre las hermosas piernas de Vanesa, entonces ella me dijo:
- “Métemela ya, métemela hasta el fondo, quiero sentir tu verga atravesarme”

Coloqué mi polla en la entrada de su agujerito y la introduje de golpe, ella soltó un gemido agudo y empecé a metérsela y sacársela, con un ritmo lento al principio pero cada vez más trepidante, sus tetas se balanceaban arriba y abajo al son de las embestidas, durante un rato estuvimos follando uno frente al otro, con su mirada clavada en la mía, sus besos furtivos y el vaivén de aquellos hermosos pechos que de vez en cuando recibían caricias y lengüetazos. Sin sacar la polla de su raja se puso a cuatro patas, e incorporándome aumenté el ritmo de las penetraciones, tenía aquel culo perfecto ante mi y era imposible desaprovecharlo, ensalivé su ano y empecé a tocarlo con mis dedos mientras continuaba embistiendo con todas mis fuerzas contra la concha de Vanesa, una vez que estuvo dilatado, saqué mi verga y se la coloqué en la entrada de su ano, lentamente comencé a introducírsela hasta que ya no entraba más, Vanesa gritaba y gemía de dolor y de placer.
- “Sigue, sigue, más fuerte, méteme tu polla, más más ohhhh! fóllame más”

Empecé a sacar e introducir mi pene con fuerza en su ano, mientras me agarraba a su culo, mis testículos golpeaban en su raja, y veía la cara de placer de Vanesa contra la almohada, y como sus tetas se movían bruscamente. Vanesa estaba a punto de volver a tener un orgasmo y yo ya no podía más y me corrí dentro de ella, el semen salía de su ano, y mi pene ya fuera seguía expulsando semen sobre el culo de Vanesa, sus gemidos se mezclaban con los míos y nuestros cuerpos sudorosos seguían moviéndose intentando alargar el placer. Ella se acerco a mi polla y empezó a limpiarla con su lengua suavemente, cuando hubo acabado mi pene seguía erecto, no podía dejar de follar ni un minuto con aquella increíble mujer. Vanesa se puso mi pene entre sus tetas y empezó a hacerme una cubana, sus senos se amoldaban a mi pene, aquella sensación de presión sobre mi falo, y la cara de viciosa que ponía Vanesa me estaba excitando de forma increíble, no pude aguantar mucho rato y de nuevo me corrí sobre sus tetas, su cara quedó salpicada por mi semen y nos unimos en un largo beso.


Nos quedamos un rato tumbados sobre su cama, desnudos, en aquella calurosa e inolvidable noche de verano, le acariciaba su suave pelo a la vez que admiraba su cara satisfecha. No podía dejar de excitarme una y otra vez cuando contemplaba su cuerpo sudoroso perfectamente moldeado, sus hermosas tetas colmadas con unos pezones oscuros y respingones, toda ella evocaba una sexualidad salvaje, quería estar follandomela dia y noche.

No lo pude aguantar más, la cogí en brazos y me dirigí al baño, sin cruzarnos ni una sola palabra ella enseguida comprendió lo que yo deseaba, abrió el grifo de la ducha, cogió el bote de gel, y empezó a enjabonarse a la vez que movía su cuerpo en un frenético baile lleno de deseo sexual, me metí con ella en la ducha y empecé a moldear con mis manos cada centímetro de su resbaladizo cuerpo, mientras ella enjabonaba el mío.

Nos empezamos a masturbar mutuamente, penetraban mis dedos por sus orificios a la vez que ella masajeaba mi verga que estaba totalmente dura. La puse dándome la espalda, y empecé a jugar con mi pene y sus agujeritos, resbalaba mi polla a través de su raja, abría paso entre sus glúteos, acabe penetrándola salvajemente mientras ella se apoyaba en la pared y cerraba los ojos de placer, con mis manos ocupadas en sus pechos seguía metiéndosela en su ano y su coño alternativamente hasta que no pude aguantar más y eyaculé dentro de ella.

Nuestra relación duró tres semanas, en las que hicimos el amor casi todos los días, terminó el día en que su hija nos pilló haciéndolo. Desde entonces, no he vuelto a tener relaciones sexuales ni con ella ni con ninguna otra mujer.

Espero vuestros comentarios.

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