Juegos de Facultad

Hace ya tiempo que dejamos nuestros juegos perversos, pero por mucho transcurra nada parece borrar los arañazos que dejaste sobre mi alma. Aquellos que sólo pueden ser infligidos por una jugadora habilidosa, una contrincante sin igual, que no duda en marcar con fuego cada una de sus victorias sobre el otro jugador.

Un mensaje obsceno planteaba una nueva partida. Palabras estratégicamente encadenadas para provocar tu instinto, aquellas que esa tarde te hicieron salir de clase ¿aún lo recuerdas?... aunque quizás ni siquiera me leas...

El ruido de tus zapatos por el pasillo vacío fue la respuesta a mi reto. El silencio y tu mirada cómplice rubricaron unas reglas aún por escribir. Levantándome del banco, mis besos se apoderaron de tus labios, tu lengua forcejeaba con la mía, y mis manos te arrastraban contra la puerta del lavabo que se abría a tu espalda.

Deje de besarte, y te miré. El carmín de tus labios empezaba a desdibujarse. Tus ojos reclamaban más... ¿eso es todo lo que sabes hacer? ¿a caso no has aprendido nada cabrón? - me espetaste sin dudar.

Calla y gírate perra... mucho mejor así... si no te controlas vas a dejar chorreando el tejano... - fue mi respuesta mientras te vendaba los ojos, con las manos apoyadas sobre el lavabo y tu mirada clavada en el espejo.

Ábrete más... vamos... no tenemos todo el día... recuerda que faltan 5 minutos para que termine la clase... ¿no vas a querer que nos pillen verdad? - mis pies golpeaban los tuyos para forzarte a separar las piernas, mientras mi mano frotaba tu entrepierna por encima de la tela. Para ser toda una señorita lo estas dejando todo perdido... - el cinturón no fue obstáculo alguno, los botones del pantalón se abrieron sin protesta alguna, y un gemido profundo se apodero de ti cuando de un golpe lo baje hasta las rodillas... menos ropa para seguir frotando...

¡Deja de jugar con la mano y métemela! - tu respiración se entrecortaba.

¿Qué te hace pensar que es mi mano? - y menos aún cuando notaste como te acariciaba las mejillas... al tiempo que unos dedos extraños se hacían paso entre tus braguitas, para clavarse en tu coño empapado.

!Ohh diós mio! Eres un pedazo de cabrón y tu amigo... - justo a tiempo para clavar mi lengua en tu boca para hacerte callar.

Amigo... mmmm... ¿estás segura? - unas suaves manos apresaron tus caderas, al tiempo que una lengua empezaba a chuparte el coño... y tus gemidos resonaban en las baldosas. Estabas fuera de si, desbocada, arañabas mi muslos intentando mantenerte en pie.

¿A caso no te gusta la sorpresa? Viendo los dedos de tu amiga nadie lo diría. - me regocije de tu descontrol.

¡No te pares pedazo de puta! ¡Sigue comiéndome el coño! - mientras tus manos sacaban torpemente mi polla del pantalón - !Fíjate como la tiene este cabrón, esta a punto reventar! - al tiempo que tu boquita hambrienta engullía mi rabo.

Las imágenes se suceden una y otra vez, pues el juego no hace más que empezar cada día desde entonces.

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